Estamos al borde de una crisis mundial y tú tienes un guardarropa lleno de Louboutins.

En el televisor, en mute, un episodio subtitulado de The Hills.
En las bocinas y la pantalla de la computadora portátil, vídeos de los primeros dos discos de dEUS y temas al azar de Butthole Surfers.

Yinka Shonibare
“The Swing
(after Fragonard)”; 2001

Se comprende, hasta cierto punto, por qué la onda de principios de siglo es el neobarroco. La cultura del bling bling, las chicas, los excesos y las amenazas de muerte sin ton ni son comenzaron a ensuciar el nombre del hip hop que, originalmente, denunciaba actos de violencia porque eran, en verdad, parte del pan de cada día en las comunidades “minoritarias” de los Estados Unidos. Escribo “minoritarias” entre comillas porque el poder aísla a las comunidades y las transforma en minorías no por la cantidad de seres que las componen, sino por el valor que los poderosos quieren que éstas tengan. Sin embargo, en un punto de la historia, la violencia y el dinero dejaron de ser cosas que se denunciaran y comenzaron a ser elementos de distinción y presunción. El tener “mucho de todo” fue visto como un logro para grupos que alguna vez fueron marginales y que ahora tienen la capacidad de, digamos, sentarse donde quieran en los autobuses.

O aparcar su Hummer donde quieran en el estacionamiento de un burdel.

A la gente le gusta lo aspiracional. Al insatisfecho con su vida sexual le gusta la pornografía. A quien llora hasta quedar dormido en su casa-van le gustan las series televisivas situadas en mansiones de Bel Air. Escuchar a 50 cent es como ver las telenovelas de Thalía. Hasta ahí se comprenden dichas tendencias entre las masas. ¡Y vaya que Curtis ha llegado muy lejos! No sólo sobrevivió a numerosos disparos, sino que tiene suficiente dinero como para hacerse un enorme tatuaje en la espalda y mostrarlo a la audiencia cuando se le dé la gana.
Pero una cosa es tener un objetivo en la vida y la otra es quedarse en el sueño.
Pero una cosa es que este sueño sea llegar a ser una mejor persona y otra es que sea aplastar a todos los Crips con una camioneta del tamaño de una casa, enchulada propiamente por West Coast Customs. Con revólveres en los mofles.

Saul Williams lo dice mejor que yo en su poema “Telegram”.

Mas cuando esta obsesión por la superioridad, el brillo y la moda se filtra a la autodenominada contracultura y hasta tu baticueva del mundo independiente solamente piensa en bailar y sorprender a The Cobrasnake, es cuando hablamos de un neorococó. Quizás los hombres no practiquen actividades onanistas con jovencitas de genética vikinga como en aquellos tiempos, pero es cierto que estamos cayendo en una exuberancia de posesiones que, fácilmente, se transforma en mal gusto. Una de mis antiguas amistades pseudoizquierdistas actualmente pasa horas frente al armario seleccionando qué ponerse para salir de su casa. Y sé de quienes trabajan exclusivamente para comprar las prendas más caras y no saben que Sudán es un país.

Los chicos VH1 comenzaron escuchando temas pegajosos de los 80s y 70s. Sólo porque eran irónicos y divertidos. Por la misma razón comenzaron a crear y formar parte del electro-trendy que se ve con frecuencia, hoy en día, en los antros de la localidad. Esta ironía ha dejado de serlo y la generación entera ha cometido el error de tomarse su propio Kool-Aid. Ni siquiera es una estética del “nouveau riche”, sino del “toujours riche”. Por ejemplo, los estandartes feministas de los escuchas universitarios de los años 90s han sido reemplazados por niñas mimadas con los novios correctos.
Lo peor que le pudo haber pasado en la vida a Fiona Apple es haber sido violada a los doce años en camino a casa desde la escuela. Lo peor que le pudo haber pasado a Uffie es que el año sabático que su familia había planeado pasar navegando por las Filipinas se viera cancelado por una de esas tontas tormentas.

Daddy! Make the storm go away! Right now!

Las temporadas de fascinación con la voluptuosidad llegan, por lo general, en momentos internacionales de prosperidad ingenua. En el viejo barroco, los habitantes nativos de las colonias americanas estaban más sedados que una elefanta en cesárea; mientras que en el viejo rococó, ni Dios mismo podía bajar de sus tronos a los aristócratas franceses. Los conflictos bélicos eran aparentemente inexistentes (gestándose tan furtivamente como ratas bajo las pelucas de los jueces) y las mujeres tomaban arsénico para verse más pálidas. Fue después, al levantarse las masas, que el neoclasicismo llegó a despojar todo de envestiduras innecesarias y reemplazó la valorización del surplus de telas y joyas por el ensalzamiento pecho-paloma de los valores cívicos y morales. De repente, era mejor morir de pie que vivir de rodillas recibiéndola por el culo.

Me parece un tanto extraño que, en una década tan crítica que ha involucrado el doloso colapso de importantes edificios, el mal manejo del comercio de productos recreativos y sus fatídicas consecuencias, la maculada concepción de actas oficiales que atacan sin remordimientos las garantías individuales, y una de las guerras más embarazosamente costosas e injustificables en la historia de humanidad, no haya emergido un movimiento de denuncia cultural desde los más recónditos subsuelos. Nada enteramente original, sino un reciclaje anacrónico de lo ya visto. Una selección de las peores corrientes y los productos más frívolos que haya creado el ser humano, para conjugarlo todo en un mismo cuarto y transformar la vida diaria en el infierno de Voltaire y Mr. Blackwell. No hay sentido común ni sentido de la moda, aunque todo se haga en nombre de ella.

La última vez que ocurrió una crisis catastrófica mundial, como coincidencia, surgió un cambio igualmente drástico en el sector independiente de las artes y el entretenimiento. El efecto tequila y la Guerra del Golfo se tomaban de la mano con las películas de Harmony Korine y las canciones de Nirvana. Los nuevos héroes y heroína(s) de la generación venían arrastrándose desde sus guaridas bajo los puentes, vistiendo enormes suéteres heredados de sus padres o hermanos mayores, con trabajos apenas remunerados y con sus influencias enterradas en más oscuro y profundo del midcult. Los jóvenes tenían sus iconos aspiracionales, pero con una pizca de intelectualismo poético y una buena tajada de hiperrealismo naturalista. Poniendo en tela de juicio lo que hubiera pasado de haber sido distinto el desenlace, Kurt Cobain decidió permanecer con los suyos, mental y artísticamente hablando, y seguía portando franelas viejas y jeans rotos, pese a que su presupuesto bien pudo haberle conseguido un guardarropa entero de Ermenegildo Zegna.

Está bien: existía el groseramente escapista universo de Billboard, saturado de himnos dance con voces de afroamericanos robustos detrás de los cuerpos de bailarinas y bailarines mulatos. Todo ahí era ficticio y, se supone, debía conservarse así. San Agustín sugería que los monstruos y la fealdad habían sido creados para mantener una delicada armonía cósmica. Si todo fuera hermoso, todo fuera feo, todo fuera crudo o todo fuera postizo, entonces el desorden sería total y nuestras existencias aburrirían hasta las lágrimas. La falta de variedad y la estandarización de la humanidad no representan evolución, sino inminente destrucción.

Lo malo es que ahora difícilmente se encuentra ese balance entre lo mainstream y lo independiente, ya que en ambas escenas se encuentra básicamente lo mismo, radicando la diferencia casi exclusivamente en la cobertura de los medios masivos y la disponibilidad de sus materiales físicos (CDs, DVDs) alrededor del mundo. CSS canta sobre Paris Hilton y Paris Hilton ES Paris Hilton.

¿Y qué hay de quienes odian los sintetizadores tanto en Kanye West como en Hadouken? ¿Y las plataformas tanto en Fergie como en Yelle? ¿Dónde queda el mensaje y/o el contenido artístico, con o sin desarreglos en el aspecto de los intérpretes? Los Manic Street Preachers en los años 90s vestían los trajes de sus hermanas, alterados con frases e imágenes polémicas, mientras ejecutaban crípticas piezas rocanrolleras con fuerte contenido político-social. Eran interesantes a la vista y al oído. Sus prendas estaban relacionadas con lo que decían, y decían mucho.

Así que, para tratar de nivelar las cosas en el mundo de la música y la cultura pop en general, quedan dos opciones:
a) Lanzar un nuevo movimiento a la par de los tiempos en donde se le vuelva a hablar a la verdadera gente común. No a Six-Pack Joe, sino a sus avergonzados hijos que leen a Nietzsche. Comparación regia: ¿Qué haces cuando no puedes ni te interesa entrar ni a la Havana ni al Uma Bar? Algo primitivista y de regreso a lo más crudo de las artes. No necesariamente grunge o 90s college rock, pero más a la par del verdadero zeitgeist. No de los que andan en camión a altas horas de la noche pero que llevan en el hombro una bolsa con la que bien pudieron haberse comprado un auto.
b) Si tanto “cuqui” les da no vestirse como Chloë Sevigny, utilizar las prendas como parte de un concepto más profundo y abofeteador. Hacerse valer de letras más poéticamente hiperrealistas y tomar todo lo que está ocurriendo hoy en día, analizarlo bocado por bocado, y ensartárselo a la sociedad por cada uno de sus orificios. Aquí no haría daño estar guapetones y groupieables, pero tampoco sería urgentemente necesario. Retar los estándares de la belleza occidental sería incluso mucho más impactante y memorable para las masas. Citando a Marilyn Wann: “Madonna in a thong, me in a thong – which one is more challenging to the status quo?” Vean nada más hasta dónde ha llegado Beth Ditto de The Gossip. Muchos hombres se encuentran deseando que no fuera lesbiana.

Con estas propuestas sobre la mesa, me aburro de las imágenes en el background y accidentalmente le cambio al canal 99 del servicio básico de televisión por cable, olvidando que el único canal de videos que pasaba (¡Wow!) videos, ha sido reemplazado por MaríaVision para salvar nuestras almas de aquellos versos satánicos.
More on this, later…

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2 Respuestas a “Estamos al borde de una crisis mundial y tú tienes un guardarropa lleno de Louboutins.

  1. Glad you like my blog — and I could help you discover the Jesus & Mary Chain's Can cover! 🙂

    Unfortunately, my Spanish is atrocious so I got only bits and pieces from your blog, but it sounds like we write about very similar subjects!

    I completely agree about the Britpop t-shirts! Remember how "fashionable" the Gallagher Brothers used to be? Hah!

  2. jajajajajajajajaa chale… creí que decía: Chica Pop de Mérida… jejeje

    Saludos hasta Yucatán!

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