La vez que fui punkeada por Fernando Botero. Parte 2 de 2.

Al poco tiempo de haber realizado mi infame reseña para Horno 4, nos fue encargado hacer otra reseña en una clase en la Universidad de la que recién me he liberado (Yussssssssssss!). El nombre del curso era High and Low, y fue uno de los gatillos directos o indirectos que me impulsaron a leer a Eco y diversos críticos de la cultura pop, para tiempo después crear este blog. La catedrática de la materia nos pidió asistir a la exposición y elaborar un pequeño ensayo donde diéramos a conocer nuestra más sincera opinión al respecto. Yo lo vi como la excusa perfecta para realizar una apología. Como ocurriera con el señor Sheffield de The Nanny, « dijo que la amaba, y luego se retractó ».
He aquí el texto, que más vale pedir perdón que pedir permiso:

“J’aimais les peintures idiotes, dessus de portes, décors, toiles de saltimbanques, enseignes, enluminures populaires; la littérature démodée, latin d’église, livres érotiques sans orthographe, romans de nos aïeules, contes de fées, petits livres de l’enfance, opéras vieux, refrains niais, rythmes naïfs.”.- Arthur Rimbaud. Alchimie du Verbe.

Debo confesar de todo corazón que he caído en la trampa del kitsch. Cuando fui a ver la exposición de Abu Ghraib de Fernando Botero en el Centro Cultural de las Artes, quedé sumamente impactada por los gestos de dolor en los rostros de los torturados. Por las manos y pies hinchados a causa de los grilletes. Por los usos de sanguíneos y sepia en dibujos blanco y negro para resaltar sangre y heces. Por el discurso antibélico, por los comentarios “barberos” del New York Times y por comenzar los enunciados con la misma preposición como escritora barata de aeropuerto. Caí ante la mentira del kitsch como si cayera desde un alto edificio de soberbia y elitismo hasta el suelo donde el corazón es fácil de romperse.
Presencié algo despiadadamente plástico que se hacía pasar por el arte de mayor impacto y trascendencia. ¿El nuevo Guernica, pero con formas fáciles de identificar y obvios actos de barbarismo sacados de las fotografías que ya todos conocemos? Entonces no es un nuevo Guernica. No ofrece un punto de vista distinto al que ya hemos leído en los artículos de Internet. No viene de alguien verdaderamente comprometido con la política o, por lo menos, como Picasso contra el fascista Dalí, con llevarle la contra a la competencia. Es la misma estética de Botero, pero con un tema sensacionalista. Es más, hasta la estética misma, que debería de ser al menos lo único genuino en la obra de un artista, es vacía y basada en una fórmula que tuvo éxito. Los gordos de Botero no son como los de Gaston Lachaise en la escultura de principios de siglo XX. Lachaise hacía curvas y volúmenes como forma de mostrar sensualidad y delicia carnal. Botero hace las curvas y volúmenes simplemente para “explorar” sus propiedades físicas, olvidándose que hace humanos, animales o frutas. Todo es redondo por igual, tan redondo como las monedas que llenan su bolsillo.
Los temas que siempre atraen y conmueven de algún modo a las masas son siempre la violencia, el sexo, la política y la religión. Esto lo sabe muy bien Botero, que no por nada tiene un Doctorado Honoris Causa. Si quería seguir en boca de todos, tenía que usar alguno de estos temas. Así como hizo prisioneros vejados en Irak, pudo haber pintado colegialas prostitutas en Japón, sacerdotes pederastas o, aún más atractivo para cualquier pseudo-izquierdista que no esté en edad de votar, representaciones de George W. Bush bailando can-can. En realidad no le importan en lo más mínimo los reos. No daría un centavo por ellos ni mucho menos sacrificaría su vida a cambio de su libertad. Los sigue viendo como inútiles esferas carentes de vida y personalidad, aunque quiera hacernos creer todo lo contrario.
Sin embargo, caí. Caí en la trampa y salí con las entrañas hechas trizas. Sentí coraje contra los soldados y empatía con los maltratados, y eso lo siento también con las noticias. Fui como el vulgo y recibí la información como si hubiera sido la primera vez que supiera de la existencia del dolor en el Universo. Me irritó (y sigue irritando, como cualquier acto de “gordofobia”) un niño que se burlaba del sobrepeso de los personajes. Fue tal el impacto a primera vista que hice una crítica para una publicación donde culpaba a la gente y a los encargados de la industria del arte en dar más importancia a lo más “ingenuo” y superficial de Botero que a lo de contenido de denuncia. Saliendo de la hipnosis, me di cuenta que este contenido de denuncia fue frívolamente tomado para complementar la imagen y la forma, haciendo de Abu Ghraib una serie de obras tan ligeras y kitsch como las frutas, caballos, periódicos, señoras y bandas de música que el artista del engaño había plasmado antes.
Fernando Botero no es un autor estúpido y hueco como sus obras. Es un individuo tan astuto e inteligente que logró que todos nos comiéramos nuestras palabras para después, por culpa de un nauseabundo proceso de digestión, vomitarlas.

Que su 2009 sea mejor que su 2008 pero peor que su 2010. Y que hagan cosas muy supersticiosas y nacas para que no les falte salud, dinero ni amor. Como ponerle calzones rojos a un borreguito y hacer que de tres vueltas a la casa con una maleta en los brazos.

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