And I’ve been begging you for mercy…

Recientemente he regresado de una paradisíaca temporada navideña en Gran Bretaña junto al Mickey de mi Mallory. Antes de que me secuestren y me arranquen los dedos, debo de aclarar que este es el único lujo necesario con el que cuento, además de esta computadora, papel higiénico, agua potable y sopa instantánea que no es Maruchan. Nada que se pueda presumir en un video de hip hop.
En una de aquellas exploraciones sociológicas al país (o países, si consideramos a Escocia como un ente separado) y a su cerebro a través de la televisión resaquesca de año nuevo, veíamos un compilado de las noticias más importantes del 2008 según MTV UK, con anécdotas tan significativas como la estatua de cera de Amy Winehouse, el éxito de Leona Lewis y Estelle en los Estados Unidos, y el incómodamente arrasador poder de esta muchachita:

Nombrada a finales del año antepasado en la lista Sound of 2008 como una de las grandes promesas de la escena musical, Duffy es una diminuta y rubia chica de Gales que ha sido comparada con Dusty Springfield y que se ha escuchado medianamente en este lado del charco con su sencillo “Mercy”, tema que no deja de sonar a zapatos de tacón y martinis color rosa desde que fue utilizado para la banda sonora de la película de Sex and the City. Pieza tarareable, inofensiva, ringtoneable e interpretada por una humilde jovencita sin delirios de grandeza.

¿Sin delirios de grandeza?

En la entrevista que fue incluida en aquel lacónico y trivial compendio, parecía todo lo contrario. No encuentro el clip por ningún lado, pero Duffy se presentaba prácticamente como una feroz guerrera en una contienda interminable. ¿La causa? En paráfrasis, los chicos de hoy no conocen a los intérpretes del soul de los 50s y 60s, y Duffy espera acercarlos al antiquísimo género a través de su propia música.

Alguien hágale su propio videojuego, estilo Legend of Zelda, en el que rescate el cadáver de James Brown.

Me siento con ganas de citar a Eco en su ensayo “Estructura del Mal Gusto”, incluido en el libro que dio origen a este blog, pero no sabría decir si las pretensiones de Duffy y sus resultados impalpables podrían considerarse parte del kitsch. La obra de superhéroes del soul como Brown, Otis Redding y Aretha Franklin no podría considerarse “de la alta”, pues siempre ha estado dirigida al ciudadano común, si no es que al más desprotegido emocional y económicamente. Fue parte de un movimiento masivo relacionado con la cultura negra norteamericana, de acuerdo al Rock and Roll Hall of Fame and Museum en su biografía sobre Redding, “a través de la transmutación del gospel y rhythm & blues en una forma de testificación funky y secular”. Una experiencia de esclavitud, escapismo y amor por la vida a pesar de sus reveses que no podría decirse que encaje en la perspectiva de esta blanca privilegiada, con todo y el escándalo judicial de su adolescencia que tenía más que ver con la psicópata ex-mujer de su padrastro que con ella misma.

¿Y qué tal si aquí, en la casa de protección a testigos, fue donde tuvo su primer encuentro con los juglares del dolor y la felicidad?

¿Y si fue cuando Bernard Butler, ex guitarrista de Suede, le atascó el iPod con temas de Phil Spector, Burth Bacharach, Doris Duke, Ann Peebles, y hasta de Beyoncé, para darle una “educación” de música soul, hace relativamente poco tiempo? La misma Duffy se hacía llamar “ignorante” antes de conocer a su productor Butler y a su manager Jeannette Lee, cofundadora de Rough Trade Records. La misma Duffy buscaba solamente ser la próxima estrella del pop al haber participado en el 2003 en la versión Welsh de Pop Idol. De la noche a la mañana, se transformó en paladina de la justicia soul.

Si ser kitsch es tomar algo considerado “de las altas artes”, filtrarlo y presentarlo ante las masas como si fuera el verdadero objeto artístico, ¿Cómo podría llamarse el acto de tomar un elemento de la cultura popular, enjuagarlo y presentarlo fuera de su contexto histórico y geográfico como si fuera el verdadero elemento?

Una de las catedráticas que tuve en la universidad le llamaría “trash”.

Para terminar, los dejo con el comentario amargado que Pete Um, escritor e intérprete terriblemente desconocido, hace sobre las new retro soul divas:

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