“¡Ay papá… y en Hawaii!”

He perdido el día de hoy cual villana de telenovela que pierde a su bebé tirándose de las escaleras.
Justo cuando venía entrando al mensajero instantáneo, un chico que hace el servicio social en mi trabajo me mandó un link a YouTube. Pensé que sería otro trivial video sobre abejas fecundando flores a 150 cuadros por segundo. Algo ligero para pasar los segundos. Pero no veía esto venir. Y malamente, pues el chavito ya tenía fama de meternos drogas muy duras.

Then I saw his face.

I’m a believer.

A pesar de, aparentemente, haber sido la última regiomontana en enterarme de la existencia del Pancho Galván Show, lo disfruté como si hubiera sido la primera.

El sitcom sensación de Internet narra las aventuras y desventuras de Pancho Galván, un arquitecto freelance de 37 años que vive al día de acuerdo a sus erráticos ingresos. Acompañado por su mejor amigo Isma, un cajero del Carl’s Jr. que compra su ropa en Zara, tiene parafernalia de Cars y aún vive con sus padres, pasa la vida cometiendo errores y aconsejando a los jóvenes para que no hagan lo mismo. O quizás que lo hagan. Como por ejemplo, “concursar en concursos”.

Pancho no es el típico freelancer apuesto e irónico que cita a Radiohead y Nietzsche como si no hubiera mañana. Se trata de un ranchero fanático de “Bran Punk” (¿será un cereal bastante prendido, como el Rock‘n’Rice?) que vive en una casa muy sleek, que come Pollo Yon y que tiene una canción para cada ocasión. En un episodio, se enlista en el Seven Eleven, una gasolinera y la hamburguesería de la estrellita para poder comprarse un Audi e impresionar a una interesada chica que, tiempo después, le pregunta si cuesta mucho hacer un Fase Buk.

Además de contar con un mejor amigo, Pancho tiene un archirival de la preparatoria bajo el nombre de Santos, quien planea las mejores formas de humillarlo en público con ayuda de los gemelos Luis y Carlos. No obstante, cuando la competencia es más dura, casi siempre pierden ante alguien externo. Por ejemplo, Toribio, ganador del concurso de talentos y conductor de su propio programa de televisión.

A los cerebros detrás de esta maravilla camp, tal vez relacionados con Grupo Chambelán, les es posible lograr la serie gracias al uso de una pantalla verde, la cual saturan de fotografías pixeleadas de sitios turísticos de la localidad y exageradas escenas de películas de acción. No hay escenarios de cartón y unicel porque, aparentemente, el cartón y el unicel se les fueron en las poco profesionales actuaciones. Es por esta última observación que el show ha sido comparado con los filmes de Carlos Reygadas o con la serie Flight of the Conchords, solamente que encaminada al estereotipo del regiomontano que busca hacerla en grande.

Pancho Galván Show es tan artificial que se vuelve creíble. Tan regia que le gana a Aldo Show y a la Joya de Manzana. Tan mala que es buenísima.

He tratado de evitar el uso excesivo de citas para que las vean y escuchen por sí mismos. Si son de Monterrey y no la conocen, entonces no son de Monterrey. Si me salen con que “ke bueno tons no soy de mty pk mty sux”, les parto la madre. Si de verdad son de otra ciudad o país, como quiera denle una revisada. Sobretodo si son freelancers, si se han robado un “Naipon” o si tienen el “Adobe Ilustrador” original.

Obviamente, hay más de donde viene: canal de Pancho Galván en YouTube.

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