Obituario Pop de Mierda: Jade Goody

Quizás recuerden la polémica racista en la edición británica de Celebrity Big Brother, donde una sarta de hasbeens y wannabes como Jermaine Jackson, el chico rubio de Steps y la entonces novia del futbolista más viejo de Europa compartían casa, cocina y retrete.

Entre todos estos personajes de bajo calibre se encontraba Jade Goody, otrora enfermera dental célebre por haber sido parte de la tercer edición del Big Brother de los no-famosos, en donde fue la primer participante en tener actividad sexual delante de las cámaras y la primera en pensar que la ciudad de Cambridge estaba en Londres.

Acompañada de su madre y su – también ex-Big Brother – pareja sentimental, Goody trajo a la casa más que una voz irritante y una falta de cultura general. Quedó claro que no se había olvidado de empacar sus prejuicios, entre tangas y cepillo de dientes, cuando discutió en numerosas ocasiones con la estrella bollywoodense Shilpa Shetty, a quien apodó “Shilpa Poppadom” y a quien humilló particularmente en un estúpido argumento sobre cubos de caldo de pollo.

La injuria fue tal que efigies de la madre soltera fueron quemadas en India, su perfume fue retirado de las tiendas y hasta en el Parlamento del Reino Unido se discutió el tema con una pasión que ya se hubiera querido ver en debates sobre la deuda externa y el embarazo adolescente. De pronto, todos los males en el mundo palidecían al ser comparados con el insulto racial. Se buscó el castigo a Endemol, se buscó el castigo a la televisora y se buscó el castigo a Jade Goody, por más a secas que ella se hubiera disculpado. Y, aunque la ley del hielo económica hubiera sido realizada por compañías que habían hecho contratos ya sea con Goody o con Jo O’Meara (ex-integrante de S Club 7, y quien hubiera hecho comentarios mucho peores que los de su compañera [vean Wikipedia]), lo peor estaba por venir.
Tras habérsele ofrecido el perdón con los dedos cruzados, Jade Goody fue invitada a la edición india titulada Bigg Boss, en cuyo confesionario se le informó que padecía cáncer cervicouterino. Al poco tiempo después y de regreso a Inglaterra, se realizaron una serie de programas en los que se documentaron sus últimas semanas de vida, entre sesiones de quimioterapia, bautizos y un matrimonio contrarreloj.

Desquiciado revés kármico para algunos, ardid publicitario de mal gusto para otros, fue la cobertura del mal terminal que pudrió las entrañas de Goody y que no ha dejado de estar en boca de todos en el viejo continente. Como un infinito accidente automovilístico al que no se puede evitar prestar atención.

Pues ahora se joden, que ya no hay nada que ver.

Justo cuando transcribía este boceto, con el que llevaba trabajando intermitentemente por dos semanas, me enteré que Jade Goody ha pasado al gran backstage del Más Allá, dejando dos niños a cargo de su conflictivo padrastro y de su frágil abuela. Dejando un par de autobiografías fantasmas, DVDs de ejercicios y cocina navideña, su propio perfume y un emporio de salones de belleza. Ha dejado un legado para su descendencia que, si bien no tendrá paz psicológica, no tendrán de qué preocuparse económicamente si su capital se encuentra en buenas manos.

Si todo esto sirve para que el pueblo coja un libro, las chavettes se hagan el Papanicolau, los anglosajones se den cuenta de lo espantoso que suenan algunos términos étnicos, y para que el ciudadano promedio tenga esperanzas de que su historia, por más absurda que parezca ser, tarde o temprano será escuchada, entonces podemos decir que su vida tuvo sentido. Hay algunas personas que te hacen desear que hayan sido abortadas en un tropezón por las escaleras. Jade Goody no. Por más irritante que haya sido su voz, por más vergonzosa que haya sido su estupidez (y, por ende, la estupidez de la romantizada educación básica británica) y por más bizarro que haya sido para muchos que les demostrara que las feas también tenemos sexo (y mucho; deal with it), es innegable que ella llegó a ser un modelo inspiracional para el ciudadano feo y tonto por el simple hecho de que nos importa su vida y también nos importa su muerte. A tal grado, que el Primer Ministro Gordon Brown ya le ha dedicado unas palabras y los diarios más importantes de aquella nación ya publicaron emotivos obituarios en línea. Y eso que a no a muchos les importa que alguien se muera en domingo.

Quizás, a fin de cuentas, no es una maldición del karma. Si así lo fuera, Jo O’Meara se hubiera ido primero, pues fue quien dijo las frases más atroces. Goody podía pecar de tonta, pero O’Meara tenía cizaña y maldad, secundada por Danielle Lloyd que, si bien su acento era gracioso, su actitud de modelo fascista no. O’Meara quedó con problemas psiquiátricos y Lloyd fue abandonada por el jugador Teddy Sheringham, quien es viejo pero no pendejo.

Jade Goody no llegó a ser una heroína de la clase trabajadora. Lo sería si hubiera inventado algo, escrito alguna canción, cambiado alguna ley. Simplemente fue un faro que con su propio ejemplo posó su luz sobre un sector de la sociedad que los medios masivos se negaban a reconocer. Con toda su crudeza, fue el primer personaje real en la televisión real.

Ya sé que Natasha Richardson blahblahblah familia de thespians blahblahblah, pero recuerden que los lowbrow también lloran y que no a todos nos apagan la marquesina. De ella hablaré luego, pues en este artículo trabajaba primero. Aunque se escuche muy buitre.

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Una respuesta a “Obituario Pop de Mierda: Jade Goody

  1. Sabes? Justamente ayer estaba leyendo en Encyclopedia Dramatica {juar juar} sobre esta mujer, en la parte de “¿sabías que?” venía algo así como “by the time you read this, Jade Goody could be dead?” y así fue.
    R.I.P. Jane Goody

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