La muerte de Road Runner (Falacius divertidus)

Como diría el proverbio, “a cada puerco le llega su San Martín”.

Y a cada correcaminos le llega su coyote.

Es memorable la serie de caricaturas, parte de Looney Tunes y de Merrie Melodies, en la que se registraba la infinita contienda de Wile E. Coyote para capturar al Correcaminos (Road Runner) y saciar su hambruna desértica. Fue una de las primeras grandes historias violentas animadas de ayer y hoy, originada en la misma década en la que salieron otros duetos como Tom y Jerry o Sylvester y Tweety, con quienes compartían la temática de rivalidades motivadas por el apetito, el control de plagas o el deseo de atención.

El instinto y el orgullo, según Hanna-Barbera y Warner Bros., son elementos negativos que ponen en peligro la vida de los otros, inocentes herbívoros que son libres y encantadores por el simple hecho de ser pequeños, rápidos y/o emplumados. Siempre se nos enseñó que el Coyote era el malo y el Correcaminos era bueno. Que, por eso, todo le salía mal al tonto Wile con sus productos marca Acme, los cuales aparentemente eran a prueba de maldad y por eso no funcionaban.

Pocos apologistas se pusieron del lado del antihéroe, como Ian Frazier en su sátira “Coyote v. Acme Products Corp.”, un documento legal que describe la demanda que Wile interpone contra la compañía que le ha fallado durante tantos años. No obstante, la caricatura en sí nunca se puso al otro lado de la cerca. ¿Verdad?

Por la Internet ha corrido un video que muestra un final alternativo al primer corto de Wile E. Coyote y el Correcaminos. En Fast and Furry-ous (adelantado a la saga de películas automotrices) de 1949, se presentaban los típicos gags que seguirían durante los próximos episodios: la piedra lista para caer, los nombres científicos inventados, la excitación adelantada del canino con cubiertos y servilleta, el túnel pintado sobre la pared, etc. El epílogo original era el predecible fracaso del peludo y la gloria astuta del pajarraco. Sin embargo, en la versión más reciente, Acme funciona de maravilla y el Correcaminos choca contra la pintura del túnel, es pisoteado por su captor y cocinado con dinamita, dándole al Coyote el tan esperado alimento.

Los rumores indican que este último desenlace era el verdadero. Otros, que fue encargado por un millonario japonés que había pagado por que no se transmitiera al aire. Los más obvios, por otro lado, nos damos cuenta que fue realizado por un amateur con una pizca de sadismo y unas gotas de Flash. Aunque sea misterio resuelto y caso cerrado para el pequeño escéptico, sigue siendo intrigante el hecho de que a alguien se le hubiera ocurrido presentar un escenario en el que la cadena alimenticia finalmente se cumpliera. Tan intrigante como el hecho de que dicho fan art haya creado tal conmoción.

Todo esto me recuerda a aquel episodio de The Simpsons en el que Itchy es épicamente asesinado por Scratchy. Estamos ante algo que quizás sea similar, aunque aquí no haya nerds que nos desconecten la televisión durante el momento más crucial.

Por cierto, esto sí sucedió:

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