Mala mamá.

Prestado de Saturday Morning Breakfast Cereal, por Zach Weiner.

Prestado de Saturday Morning Breakfast Cereal, por Zach Weiner.

Baboseando por Gawker, como suele pasar cuando uno está cansado de recurrir a los noticieros para enterarse de noticias, me encontré con un pequeño texto acompañado por la fotografía de una pareja a principios de sus cuarentas. No fue el retrato del alto individuo con barba de tres segundos abrazado por un pequeño alienígena pelirrojo lo que me atrajo, sino el titular con el que Hamilton Nolan resumía su compilado de vínculos: Ayelet Waldman: Bad Mother, Good Husband-Banger (“Mala Madre, Buena Tira-Esposos”, si eres de los que no le entienden al gringo de Mañana es Para Siempre cuando dice “Oh My God”)

La nota era que Waldman, escritora, abogada y madre judía que lleva más de quince años casada con el Premio Pulitzer Michael Chandon, sacaba un libro autobiográfico con el nombre de Bad Mother: A Chronicle of Maternal Crimes, Minor Calamities, and Occasional Moments of Grace, anecdotario sobre su relación con los frutos de su vientre basado en un polémico ensayo de su autoría que formaba parte del libro Because I Said So: 33 Mothers Write About Children, Sex, Men, Aging, Faith, Race and Themselves, publicado en el 2005. Dicho ensayo, llamado “Modern Love” en el compilado, fue reproducido en el New York Times bajo el nombre “Truly Madly Guiltly”, causando polémica entre toda una verdadera manada de esposas desesperadas norteamericanas. ¿Por qué? Porque admite, abierta y casi orgullosamente, varias cosas que muchas mujeres temen reconocer en sus vidas como amantes y madres de familia. Léanlo para que vean cuáles son.

Ya sé que el artículo es viejo y que Ayelet escribe con la cola – es abogada, no licenciada en letras – , pero me harta que algunas madres que conozco se vuelquen sobre sus hijos y dejen a la pareja al final. Tengo amigas en conocidas redes sociales de Internet que ponen la foto de sus nenes y su estatus no sale de “cargando a X”, “cambiando el pañal a X”, “viendo Barney con X”, “X bonito”, y dejan a la pareja tan atrás que, en la vida diaria, ya no le dicen “te amo”. Ahora le dicen “TE QUIERO MUCHO“. Quieres mucho a tu abuelita y al Papa (según tus creencias), pero no haces el amor con ellos. ¿Entonces tampoco haces el amor con tu pareja?

Una de estas personas, esperando a su segundo hijo, preguntaba en su perfil si alguien sabía de alguna marca de lencería que hiciera ropa interior sexy para embarazadas. Después de recibir comentarios cachondos en alusión a su vida romántica, ella exclamó entre horrores ortográficos y signos de admiración incorrectos que no volvería a tener sexo nunca jamás. La pobre dama es felizmente casada con un hombre que no ha dejado de ser músico ni fotógrafo profesional. Ella ha abandonado su empleo y su vida social para dedicarse enteramente a limpiar popis de bebé. Solamente tiene 32 años y ya se ha condenado al celibato. Sé (espero) que la promesa se le olvidará con unas copas de más, pero ¿qué hace una treinteañera cuando ya no es ni el 90 por ciento de lo que era? Mínimo que disfrute de la carne como lo hacía cuando se tiró a un integrante de Muse cuando no eran famosos. (Es la neta.)

Those were the days...

Those were the days...

Si quieres mucho a tu abuelita y al Papa y no te casas con ellos, entonces ¿Por qué seguir casada con un imbécil “al que quieres mucho”, mas no lo amas y no eres tan fan de tener sexo con él? Por eso las insatisfacciones. Por eso las traiciones y la infelicidad. Las magdalenas de sexo convexo de aquella canción de Mecano. El “stay together for the kids” es el peor error que pueda cometerse en toda la vida.

Tampoco es para convertirse en uno de esos tristes casos de nota roja en los que la madre calla y perdona, por temor a quedarse sola, cuando el padre abusa de sus hijos y/o de ella misma. Ahí sí que, por amor a ellos (Y A TI), es urgente dejarlo y velar por ustedes. Pero sigue siendo bastante deprimente cuando, en tu área de trabajo, tienes una fotota de tu hija chiflada, pero ninguna tuya con tu pareja.

Otra cosa que no tolero, y que he mencionado un poco en el caso de la lencería, es cuando las mujeres se abandonan a sí mismas y a sus carreras por los hijos. Cuando el patrón de sus conversaciones es el siguiente: “Joselito – como se llama su padre, otra costumbre que me cae como uñas en la pizarra – se echó un pedito. Si vieras cómo huele: a pétalos de rosa. Cuando se lo echa dice – cyikeson voz de que se le cayó el cerebro y no lo recogió del suelo – ‘Ito se echó un peyito, Ito se echó un peyito’. Jijjijiiji. Ah, y me ofrecieron un ascenso. De supervisora de departamento a gerente de la empresa. Pero Joselito y sus peditos, ¡Me lo como!.

¿Y cómo estas TÚ? No la nena, no el nene. ¿Sino ? ¿Tu trabajo, tu pasión, tus ánimos? Si que tu maquina de mierda haya sacado oootra mierda de su cola es más importante que el hecho de que hayas escrito un libro, firmado un contrato o superado un miedo, entonces mis sinceras condolencias.

Ser madre es lo máximo, pero no lo es todo en la vida. Ser esposa o novia es lo máximo, pero sigue sin serlo todo. Ser madre soltera merece mis respetos, ser parte de un matrimonio DINKY también es respetable. No sucumbir ante lo que la sociedad preestablece a las mujeres, por el simple hecho de contar con aparatos reproductores funcionales o no, es primordial para evitar irremediables daños a uno mismo y a demás seres queridos.

A la hora de la comida, un compi del trabajo comentaba que le gustaría seguir imaginando que sus padres siguen haciéndolo. No porque tuviera un complejo edipoelectroso, sino porque saber que ellos siguen amándose como antes lo haría sentirse feliz. El chico no tiene vicios, es la alegría de la oficina y no quita el dedo del renglón cuando se propone algo profesional o sentimental. Digamos que si Ayelet Waldman lo conociera, tendría un ejemplo para el estudio sociológico de sus sueños.

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Post-Data: Uno de los regalos para mi madre en Ese Día fue el primer Gritos y Susurros, compilado por Denisse Dresser. No será A Room With a View de la Woolf, pero es un buen libro para una mujer fuerte.
El otro fue este dibujo de ella cuando era niña, hermosamente realizado por Gabi Fuentes.

Nada de utensilios ni electrodomésticos ni esas cosas. Es mi madre, no mi criada.

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2 Respuestas a “Mala mamá.

  1. hola pasaba por tu blog que me parecio interesante, pero la verdad es que te contradices sola. la palabra en sí “madre” implica que es una persona dedicada al cuidado de sus hijos, por eso se vuelcan en ellos. una esposa es la persona dedicada a volcarse sobre su marido. y bueno, creo que deberías echarle un ojo a la filosofía japonesa del matrimonio si eres tan fan de mishima y la cultura nipona.

  2. Claro que conozco los significados y las ideas del matrimonio en oriente (y varios sectores de occidente). Mas no estoy de acuerdo con ellas.
    Simplemente uso las palabras “madre” y “esposa” por costumbre. Si hubieran otras palabras para describir a la persona que dio a luz a un ser humano y/o a quien ha decidido compartir el hogar con alguien a quien ama fisica, espiritual y sexualmente, y que estas nuevas palabras no tuvieran un contexto tan esclavizante y anquilosado, por supuesto que las usaria. Progenitora y pareja me suenan mejor.

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