De shopping gordo en Zara

Cuando estaba en la secundaria, Zara era motivo de desórdenes alimenticios. Mis compañeras morían por entrar en sus carísimas prendas. Las tallas eran limitadas. Los modelos eran imitaciones de aquello que se encontraba en las pasarelas. Para colmo, las telas eran frágiles y se rompían fácilmente. Pero en nuestras cabezas adolescentes, la calidad de las telas no tenía nada que ver con la durabilidad de las piezas. ¡No! ¡Las blusas se rasgaban porque las nenas eran muy gordas!sonadrogas
Después de ahí, la evité como la plaga, así como me evité a mí misma.
Era de aquellas que se vestían como tu madre o tu hermana, nunca como tu novia. Nunca como alguien con sentido de la moda. Dejaba las prendas bonitas y juveniles para cuando llegara a parecerme a alguna de las chicas del elenco de Soñadoras. Mi peso subía, bajaba y se iba en diagonal. Aún cuando entré en edad “de merecer” seguía llena de complejos. Fue hasta llegar a la universidad que descubrí el feminismo (y poco después, las políticas de la gordura y la salud a toda talla) que me percaté que yo también tenía derecho al buen vestir, al buen comer, al buen amar y al buen vivir. Cenar pasta o ensalada sin temor al qué dirán. Aprender a defenderme de comentarios gratuitos y fuera de lugar. A saber que cuando mi pareja dice que soy hermosa no lo dice en broma. Y, de manera más reciente, a adquirir la habilidad de leer todo un Vanity Fair sin terminar llorando. Y eso, muchachos, es bastante fuerte. Estar conscientes de que cada persona es única y que las ropas están hechas en serie. Que fueron creadas para ser usadas y no para que nos usen. Que podemos tomar lo que queramos del mundo y filtrarlo como si fuéramos el hígado de un Straight Edge en lugar del de Keith Richards.

Al carajo con las moralejas y los cuentos con mensaje, que no soy Esopo.

El fin de semana anterior a este fui a un conocido centro comercial de la metrópolis. Había ido a buscar hija (la cual encontré este sábado bajo el nombre de Bibi) en el stand de Prodan, pero aproveché la vuelta para buscar un esmalte bastante jotiartístico (gracias a Issa por la frase) en las tiendotas departamentales. No lo manejan aún. Sin embargo, recordé que otra amiga de vientre me había contado sobre sus compras salvajes en Zara. Recordando mis tiempos patéticos como puberta de fin de siglo, tuve que ver para creer. Y quizás, solamente quizás, comprar para aprobar.

Entonces vi, creí, compré y superaprobé.

Blusas de Zara, accesorios de Oysho.

Blusas de Zara, accesorios de Oysho.

sakszara

Sakina con falda y zapatos (fabulosos) de Zara.

Los descuentos estaban insanos. Para empezar, había dos tank tops por 99 pesos. Los dos estaban preciosos. Estaba una serie de playeras en alianza con Trafaluc, también a ese precio por unidad. Y los básicos en colores planos, que nunca están demás, compartían el mismo descuento. Claro que la colección nueva sigue costando un diente de la boca, pero ya no cuesta tampoco una semana de atún y agua. Hay para toda gorda, sea rica o pobre, siempre y cuando no se esconda tras el negro ni los estampados floreados (después explicaré por qué los odio tanto).

¿Pero por qué ahora puedo salir de Zara con tanta bolsa? ¿Recuerdan aquella polémica semana de la moda en la que decidieron cambiar las reglas y no permitir a modelos menores de edad ni muy delgadas* participar en las pasarelas de Cibeles? Pues varias empresas españolas de moda acordaron unificar su oferta de tallas y hacer su ropa accesible a un mayor número de compradores. Ya saben que la mujer promedio es una talla 14, que si la Barbie existiera andaría de rodillas, y todo eso que ven en las presentaciones en Power Point que les mandan sus mamás en cadenas de e-mail.

Oh, ¿pero acaso no te das cuenta que la gordura es una enfermedad?
Dejen que Kate Harding les conteste, que eso es otro tema que podría retomar después. O quizás no, porque no soy doctora. Pero sí puedo seguir hablando de lo que significa vivir, comprar y ser pop de mierda en unos pantalones de dos dígitos.

*Que eso también está mal, porque decir que una es flaca “porque no come” es como decir que una es gorda “porque come mucho”. Mejor incluir gente de TODOS los tamaños en todas las pasarelas, ¿no? Por cierto, eso del Indice de Masa Corporal es una reverenda mamada.

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