Tres historias sobre el temor al contenido

Una de mis primeras memorias de la infancia tiene que ver con la televisión. Más bien, con un comercial que pasaban constantemente. Recuerdo la pantalla oscura, de la que salían unos ojos enormes. Los adultos hacían todo para que no la viera. Con ademanes, me tapaban los ojos. O le cambiaban a la tele. O mencionaban aquella que fuera, al parecer, su frase favorita: “no es para niños”. La utilizaban, cual mantra, para telenovelas, películas violentas, artículos en el periódico, la revista de Cristina Saralegui, la cerveza, y el café. Pensaban que con aquel abracadabra, todo aquello se borraría de mi mente. Pero no. Aún tengo presentes el hermoso aroma – y espantoso sabor – de la cafeína, el artículo de Cristina donde las mujeres abortaban “a toda costa”, los dulces dieciséis de la primera niña probeta, el oscuro y doloroso parto de Marimar, un Ninja occidental que decapitaba a patadas en un gimnasio, y esos ojos. Esos ojos que a la fecha no puedo identificar. Pudieron haber sido de Les Yeux Sans Visage, triste historia de terror pre-nouvelle vague dirigida por Georges Franju. O pudo haber sido Carrie, mi heroína de la adolescencia freak. O su contraparte australiana Patrick, joven comatoso con poderes telequinéticos. O los ojos del sádico demonio en Suspiria, de Dario Argento. Aún desconozco el origen de esos ojos, pero supongo que tengo toda una vida para averiguarlo. Estoy chava. Todo se me hace fácil.

Hace algunos meses, circulaba por las redes sociales uno de aquellos formularios que nos gusta contestar para que los amigos nos conozcan mejor. Esta era una lista de películas, de todo género y de todos los tiempos, que debías de tachar si ya habías visto. Los comentarios extras eran opcionales, pero ya ven cómo somos los adultos jóvenes: nuestra opinión es una obligación. El Mickey de mi Mallory contestaba y comentaba, pero casi nunca lo hacía en las películas que no había visto. A excepción de Child’s Play (o Chucky: el Muñeco Diabólico), a la cual, aunque no la hubiera visto, agregó que “Las fotos de estas [tanto la primera como sus secuelas] en el videoclub me dieron pesadillas cuando era niño”. Ni siquiera las vio, pero las imágenes promocionales le daban pánico. La pregunta es, ¿hubiera tenido el mismo efecto, o se hubiera muerto de la risa de haber sabido que los pósters eran más pavorosos que las cintas en sí? Esto nos lleva al tercer caso.

Como ya saben, tumblr es del diablo, y yo soy su poseída. Hay una cuenta bastante popular y que seguramente algunos de ustedes también siguen. El sobrenombre de quien la mantiene es bohemea, y está llena de imágenes de chicas sexies de todos los tiempos y de todos los tamaños. De vez en cuando comparte anécdotas sobre su propia vida, su pareja de casi una década (suicideblonde), sus fiestas favoritas, sus fetiches, y su fabulosa infancia. Como quienes compraban Playboy en los 50s para leer lo que escribían los de la generación Beat, yo sigo a bohemea por su fabulosa manera de contar dichas historias. Hace tiempo, habló sobre su relación con The Exorcist (El Exorcista). Ella y su madre tenían un ritual los fines de semana: rentaban un par de películas de horror, esperaban a que todos en la casa durmieran, y se ponían a verlas y criticarlas mientras compartían una pizza de microondas. Las únicas películas que le tenían prohibidas eran Faces of Death (por obvias razones), I Spit on your Grave (también por obvias razones) y The Exorcist (porque su madre la vio en el cine y seguía aterrorizada por ella).

Because of her fear of the movie, I developed a phobia of the video box. When perusing the shelves of the Horror section at the local Videos 4 Less I would dare myself to touch the box. I told myself that if I lifted the box and turned it over, I would stare into the face of evil & evil would follow me for the rest of my days. The funny thing about the box cover of The Exorcist is that it’s not scary. It’s moody and haunting, but definitely not scary. I just made up the story to make the movie that I wasn’t allowed to see into the ultimate evil.

Al reestrenarse la cinta, ella decidió ir a verla a los cines tal y como su madre lo había hecho. Era la versión nueva, remasterizada, y con la famosa escena de las escaleras. Le dio miedo, sí, pero no tanto como la primer Texas Chainsaw Massacre. Y no tanto como la caja del video.

Fuck the cassette tape circulating in The Ring, VHS copies of The Exorcist is where evil truly lies. Thanks a lot Momma! By keeping me from the movie you made me afraid of the inanimate object that holds the film.

Feliz Noche de Brujas. Diviértanse mucho, y nunca olviden que los objetos son sólo objetos y las escenas son sólo escenas. Pero el valor que le damos a estos objetos y estas escenas puede ser más desafortunado que un bebé en un aquelarre.

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