Sobre estrellitas y crucecitas.

Anoche me fui a cenar con mis amigas a cierto restaurante argentino. Desde que varias fuimos terminando la universidad o atascándonos más en ella, no nos juntamos tanto como solíamos hacerlo. La plática principal, como somos todas compañeras de la misma carrera, se centró en el pasado y en el presente de nuestra alegre licenciatura a través de sus alumnos. Yeah, chisme caliente.

Cabe señalar que nos queremos mucho y que nuestro cotilleo es más un roast (como el que le hicieran a Pamela Anderson, Flavor Flav y compañía) que una crítica destructiva y perversa. Somos unas ternuritas, lo sé. Pero esta anécdota que me pasaron no tiene nada pero nada de madre.

En una clase sobre problemas interculturales y de género, un grupo de chicas se encontraba platicando sin poner atención alguna. La maestra, harta de esta actitud, pidió la participación de una de ellas. Llamémosle Rosario, para respetar su anonimato:

–          Rosario, ¿me puedes decir qué es el genocidio?

–          Este… – la pobre no lo sabía. Mientras aventaba muletillas al por mayor, pellizcaba a una de sus amigas para que le diera la respuesta. Tampoco sabía.

–          Rosario: te estoy esperando.

–          Tipo… – le preguntó a otra compañera, que sí sabía qué es el genocidio pero no quiso soplarle la respuesta. – ¿qué es, maestra?

Rosario estaba a unos semestres de graduarse, y no conocía el significado de la palabra “genocidio”. Es algo que te aprendes desde los últimos años de educación primaria. Es más, algunos lo tienen grabado en la sangre y no requieren explicaciones.

La maestra le dio el significado que todos conocemos, usando como ejemplo el exterminio de comunidades minoritarias durante el régimen nazi.

–          Ah, OK. – comprendió Rosario, pero no se quedó callada – O sea, sí sabía lo que le habían hecho a los judíos en la guerra y así. De hecho, yo los respeto mucho y me gustan muchas cosas de ellos y así. Hasta me compré un dije de estrella judía, porque está bien bonita.

Está bien. Apropiación de símbolos religiosos por su atractivo estético. Ni el más intelectualoide se salva de esto. Recuerden cómo se les caía la baba con la exposición del Buda Guanyin que se presentó en MUNE hace un par de años. Es más, esto lo escribe una humanista secular que colecciona Angelitos de la Guarda, Budas gordos y flacos, y que quiere una figura de Ganesh. Descontextualízame esta.

Pero Rosario le siguió:

–          Y luego, maestra, tipo que hubo un tiempo en que no quería saber nada de los hombres. Que los odiaba y así. ¿Te acuerdas, Ximena? – le cuchicheó a otra amiga – ¿Cuando odiaba a los hombres por lo que me hizo mi novio?

–          Ay, sí. Sí me acuerdo. – le contestó la Xime, para luego pasar un par de minutos quemando al pelmazo en leña verde.

La maestra esperaba de pie para que Rosario volviera al grano.

–          Ah, sí, maestra. Tipo, no quería saber nada de los hombres; y cuando iba al antro me ponía la estrella para que creyeran que era judía y que no se me acercaran.

MADRES.

Lo peor es que funcionaba. Más porque la chica es de tez blanca, nariz aguileña, y todos esos rasgos físicos con los que se estereotipa a quienes vienen del viejo pueblo israelí.

–          ¿Y no te ha venido a la cabeza que eso puede ser ofensivo? – no sé de dónde se sacó la maestra tanto estoicismo como para preguntarle algo más a la muchacha.

–          O sea, ¿cómo?

–          ¿Por qué crees que el príncipe Harry armó tanta polémica cuando se vistió de soldado nazi para noche de brujas?

–          Ah, ¿fue de eso?

–          Sí, Rosario. ¿No ves que traía la svástica?

–          Ah… o sea, ¿la crucecita que usaba Hitler y así? – trató de dibujarla en el aire con sus dedos – Yo una vez me compré un parche de eso para coserla en la mochila, pero luego pensé que me verían feo. Es que está bien bonita.

Pudo haberla traído a gusto en cualquier momento previo a la fundación del partido nacional socialista y antes de que Adolf la adoptara para su movimiento. Ya la historia de la svástica nos la sabemos todos: un caso de apropiación y descontextualización mucho peor que el del uso del Mogen David como autocockblocker.

De todos modos, NO MAMES.

Te quiero mucho, Rosario, pero NO MAMES.

Si hubiera llevado esa clase con ella, le hubiera dicho que mi bisabuelo sobrevivió al holocausto, estuvo atrapado en un campo de concentración, y que nunca quiso hablarnos sobre su tatuaje en el brazo. Ese con muchos números.

No es verdad, pero sólo se lo hubiera dicho para que se cagara de vergüenza.

Ya sé que Hitler te ganó el premio de Peor Apropiación de un Símbolo Religioso en la Historia de la Humanidad, pero NO TE PINCHE MAMES.

Eso del uso patético de elementos para sabotearse algún posible encuentro romántico (o para prevenir la violación [¡!]) me recuerda a este producto:

¡Porque solo puedes respetar a las que están comprometidas! ¡A las demás, que nos la den hasta por las orejas!

No sé quiénes son peores: si los que desprecian/molestan a quienes cuentan o no con cierto accesorio que demuestre su identidad religiosa o romántica, o los que utilizan o no estos accesorios para pretender dicha identidad y lograr desprecio o atracción – ejemplo: quienes NO usan anillo de casados para poder ligar en el antro.

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Una respuesta a “Sobre estrellitas y crucecitas.

  1. Así de GOEEEEEEEEEEI ¿lo tengo que repetir una y otra vez? ¡¡¡¿que pedo con las regias?!!! menos tu claro esta 🙂

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