Mantén las calles vacías para mí

Estoy fascinada con el entretenimiento sueco. Más que nada, con aquello oscuro y misterioso en libros, cine, televisión y música. Así como el humor negro valemadrista del mexicano y el wit británico impregnan los medios masivos de sus respectivos países, sucede con el gloom del sueco. Ese delicioso momento entre dormir y despertar en la madrugada, disperso, por siempre, en una región donde hay seis meses de luz y seis meses de oscuridad.

Fever Ray, para quienes no lo saben, es el proyecto en solitario de Karin Dreijer-Anderson, quien junto a su hermano forma parte de The Knife. Karin dio a luz, y grabó su primer disco como solista en lo que se recuperaba. La depresión post-parto no siempre produce crímenes innombrables o patéticos libros de superación personal. Fever Ray suena, definitivamente, a levantarse a las cuatro de la mañana atascada de drogas para que no te duela la epidural. A memorias de amigos de la infancia, amantes de la adolescencia que no terminaron siendo padres de tus hijos, y a las incertidumbres con las que se pasan a veces. Esos pensamientos que pueden durar milésimas de segundo, o atascarse toda la vida. “Si tuviera un corazón, te amaría”. ¿Una madre de familia diciendo eso? Así es. Suele pasar.

Wallander no tiene madre. Las series/películas/libros sensación en Europa, hace que grandes y más grandes se orinen encima viendo BBC4. Familias enteras se molestan en estar sentadas leyendo subtítulos por noventa minutos seguidos, y eso significa muchísimo. Imaginen CSI Las Vegas si nadie quisiera a Grissom. O Sherlock Holmes si Sherlock no fuera tan galán y optimista. Kurt Wallander es perezoso, depresivo, lleno de culpas, diabético – y después diagnosticado con mal de Alzheimer, mal alimentado, y todavía carga con el peso de toda aquella mujer – y hombre – con la que alguna vez tuvo algo en la vida. Pero también es chingón en su trabajo. Los crímenes son torcidos, y de algún modo Wallander logra desenredarlos. Al final de su carrera, su dura y disciplinada hija Linda sigue sus pasos. Los británicos están tan fascinados con la historia, que sacaron una miniserie de tres capítulos con Kenneth Branagh como Wallander. Pero ni todos los fantasmas de Shakespeare hacen que Branagh supere a Rolf Lassgård y Krister Henriksson – el primero mejor que el segundo.

De Let the Right One In no hay mucho más que decir. Ustedes la aman tanto como yo. Basada en el libro Låt den rätte komma in de John Ajvide Lindqvist – quien se encargó también de escribir el libreto -, es de las mejores historias de vampiros en la historia. Está perfectamente situada en los 80s, durante un largo invierno donde la noche parece eterna. Eso permite que Eli salga al patio central de su nuevo vecindario, donde conoce a Oskar y lo enseña a defenderse. Él, a su vez, le ayuda a seguir viva, alimentarse, y hacer la transición de un amor a otro. La versión norteamericana Let Me In es hermosa y fascinante por sí misma, además de respetuosa. Hasta a Lindqvist le gustó. Salvo por algunos efectos especiales, no quiso ser glamourosa ni hollywoodense; y tradujo con éxito el gloom sueco al rostro oscuro del Estados Unidos de Reagan. Owen es más torpe y tierno que Oskar; pero Eli tiene mucho más ‘encanto’ que Abby como niña chupasangre. Y las bandas sonoras de las dos son fabulosas.

Este nosequé que queseyo se encuentra en todas partes. En Noviembre fui a un Seminario de Fat Studies donde pasaron un cortometraje sueco. I’ll Thank You From Heaven es un filme didáctico donde se demuestran los horrores del bullying y la falta de apoyo a los estudiantes gordos. Ya saben, va al hospital porque se lo madrearon y le preguntan qué va a hacer con esa llantita, etc. No es otra tonta película educativa, y no lo digo porque el tema se encuentre cercano a casa, sino porque tiene un gloom que no encontramos en otras tradicionales y aburridas pelis de salón de clases. La cinematografía y calidad sonora son paralelas a las de Wallander y Let The Right One In. Cuando los malandros amarran al protagonista a un poste, llegué a pensar que llegaría Eli a desmenuzarlos. Hubiera sido el perfecto Deus Ex Machina.

Poco sé sobre el espíritu del sueco. Desconozco si haya un equivalente sueco a El Laberinto de la Soledad de Paz. Si alguien lo sabe, agradecería el dato. Aunque este común denominador, este gloom, se encuentra en todas partes. Hasta en ABBA, la banda más camp del planeta, está ese dejo de tristeza. Conozco gente que encuentra que ABBA es bastante deprimente. ABBA es pop al estilo Ingmar Bergman. Me encanta Bergman y me caga ABBA, pero reconozco este pequeño detalle.

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3 Respuestas a “Mantén las calles vacías para mí

  1. ay cyntiiii pues concuerdo,
    pero a mi me gusta ABBA haha
    es como “no no me gustan los beatles” te acuerdas? haha que oso

  2. “Fever Ray suena, definitivamente, a levantarse a las cuatro de la mañana atascada de drogas para que no te duela la epidural” que GRAN frase te aventaste.

    Me encanta Fever Ray, tristemente, no soy de las personas que investigan mucho sobre los artistas: no sabía que Karin era mamá y mucho menos que el disco lo grabó mientras se recuperaba. Lo de la dep. post parto explica muchas cosas.

    Buen post, nos leemos 😉

  3. Karin es la onda, más vestida de Catrina sueca, o de simio psicodélico, o de albañil con antifaz. Karin ES LA ONDA.

    Y te faltó la nueva ola: Annie, Lykke Li, El perro del mar, Zeigest (que desgraciadamente se desintegró), etc, etc.

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