De cerca: Isle of Wight Festival 2011 (Sábado)

Como ya dije, desde el área de acampar se escuchaban las bandas del Main Stage. Entre dormida y despierta, escuchaba a Lissie y a Backstreet Hurts. Digo, Hurts a secas. Cuando se acabaron, ya fuimos al área principal para ir agarrando un buen lugar en el Main Stage y poder ver a Pulp, lo que más nos atrajo a ir al festival. Llegamos y estaba Mike & The Mechanics, esa ‘superbanda’ de los ochentas cuyo vocalista Tim Howar parece Jared Leto si aparentara su verdadera edad. Entre señores y niños bailando, fuimos moviéndonos hasta llegar casi hasta el frente.

No éramos los únicos. Un montón de Britreyes llegaron para ver a Seasick Steve como forma de saciar su culpa post-colonial y de privilegio social. Seasick Steve, como muchos saben, es la Cenicienta de los músicos callejeros, en la cúspide de la fama mundial a los 70 años. Cada que sacaba un instrumento, algún Britrey murmuraba emocionado: ‘es el que hace que le sangren los dedos’, ‘es el que toca con un desarmador’, ‘es el que su abuelo hizo con cerillos en su lecho de muerte’, y demás mitos. Tratado como el Susan Boyle del blues, quizás con tanto talento como ella – no es halago; siendo que era famoso hace décadas, cuando tocaba con Janis, era amigo de Kurt Cobain, y produjo algunos discos de Modest Mouse cuando aún sonaban a música de camionero deprimido – sí es halago. Esperamos con paciencia hasta que llegara un verdadero viejito con huevos. Ese fue Iggy Pop.

Las agallas que le faltaban a los chamacos de Courteeners y la autenticidad que le faltaba a Seasick Steve la tenía Jim Osterberg. Naranja natural, con el torso desnudo y la melena larga y hermosa, llegó exclusivamente a partirnos la madre. No tocó ‘Lust for Life’ ni ‘Nightclubbing’ ni ‘The Passenger’ para los fans de aquella película de escoceses drogadictos. Lo suyo fue el punk escatológico de The Stooges. ‘I wanna make songs that sound like they come out of your asshole’, exclamaba. Mandó llamar a gente VIP – entre ellas las invitadas a la despedida de Kate Moss – y Dave Grohl, para que se pusieran a bailar en el escenario. Rompió una de las enormes y molestas cámaras con las que Sky grababa el evento en tercera dimensión y tapaba un buen cacho del escenario. Cantó ‘No Fun’ de los Sex Pistols. Ladraba con ‘I Wanna Be Your Dog’. Y le dijo quizás a las Naranjas y Britreyes que ‘Your Pretty Face is Going to Hell’. ¿Y qué si sale en anuncios de seguros con una marioneta? ¿Y qué si fue papá de Nona Mecklenberg? ¿Y qué si cantó con Sum 41? La tiene más grande que todos los Kings of Leon juntos. Se puede salir con la suya. Es un Iggy Pop de Mierda.

Lo que siguió fue histórico. En las pantallas laterales, unas enormes letras verdes nos decían lo bien que nos veíamos. Decían que era en serio. Querían saber si estábamos listos, y se quejaban que no podían oirnos. Al final, nos preguntaban: ‘Do You Remember the First Time?’. No podíamos recordar la peor vez, porque no la había. Después de diez años, Pulp volvía a tocar por primera vez en Inglaterra, y por primera vez en la vida de muchas personas. Los gráficos eran como de un club nocturno perfecto. ¿Como ‘Disco 2000’? Jarvis Cocker se seguía moviendo tan sensualmente, ya con barba canosa y enormes lentes de aumento. La edad le sentaba bien. Con elegante acento norteño, nos contaba cosas que había investigado sobre el festival. Nos aventaba dulces, agua y uvas. Nos acosaba con una camarita mientras cantaba ‘I Spy’. Saludaba las banderas y nos decía que eramos hardcore. Así es. Tocaron ‘This is Hardcore’, y me cagué encima. Lloré con ‘Babies’. Y terminé en un pie para cuando tocaron ‘Underwear’ y ‘Common People’. Esa última, ‘el vals de la Boda Real’, madreaba Jarvis.

Al acabarse, el acumulamiento de gente fue tal que surfeamos hasta salir. Ya habíamos visto en segunda fila a Pulp. Podíamos ver desde donde fuera a Foo Fighters. Y así lo hicimos. Y aún así, fue genial. Desde lo lejos brillaba la divina cabellera de Grohl, quien amenazaba con tocar hasta que los corrieran. Así es: como Chente y Juanga. Desde donde los viéramos, fueron magistrales. Salvo una que otra paja mental con improvisaciones de ocho minutos, los temas eran perfectos. Nuevas y cabronas como ‘Rope’, clásicas como ‘My Hero’, ‘Learn to Fly’, ‘Breakout’ (esa de Me, Myself and Irene, que era la comedia favorita de nuestra vecina de concierto), ‘Monkey Wrench’, ‘Best of You’, hasta cerrar diez minutos después de lo acordado – sí los terminaron corriendo – con ‘Everlong’. Maldito momento perfecto.

Mañana: la última parte.

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