SIZE: Nadie puede vivir con un monstruo

– En nuestros tiempos eramos Flans o fresas. No había más.
–  Bueno, ¿eh? Que yo soy TIMBIRRUCA.

Yolanda Ventura y Ariadna Treviño, ‘Cosplay: Salvemos al Mundo’, La Rosa de Guadalupe

Esto es lo que quieren hacernos creer los medios mexicanos cuando hablan de la música que se producía en los ochentas. Que sólo podías ser fresa de un tipo o fresa del otro. Más bien, que sólo podías ser fresa, frambuesa, mora azul o – si eras bien ‘alterno’ – arándano. Pero no. Hubo más allá de lo que participaba en la OTI o de lo que autorizaba Raúl Velasco. Mucho, mucho más.

SIZE fue uno de esos grupos que se escondían – o eran escondidos – bajo la alfombra. Y de ellos habla Mario Mendoza en el documental Size: Nadie puede vivir con un monstruo. Sus evidencias son entrevistas con todos los integrantes de la banda, amigos y colegas; así como archivos de videos musicales y presentaciones en vivo. Tanto chicos como oligofrénicos grandes se sorprenderán al descubrir que en México la escena underground iba más allá del rock urbano, guarro y nacionalista de El Tri, Rockdrigo González, Botellita de Jerez y demás hijastros de Julio Revueltas. También tuvimos post-punk, synth-pop y nuevos románticos. Gente de la edad de nuestros padres también sabía de la 4AD, de Human League, y tenían intereses más estéticamente rebuscados. Lo más globalizado en la música mexicana parecía ser Flans copiándose a Bananarama; pero otras cosas fueron tomadas de allá fuera, digeridas y procesadas junto a la esencia del individuo.

Este documental no está nada sesgado. No fue editado para hacer ver perfectos a los músicos, ni se ignoran las opiniones que descartan – o ponen en tela de juicio – las palabras de los personajes principales. Es honesto, y los presenta en las buenas y en las malas. Hay anécdotas graciosas, momentos felices, y aquel momento que nos dan ganas de jalarnos las greñas por aquel LP que nunca vio la luz del día. Que quizás, si lo hubiera hecho, la banda hubiera explotado a las grandes ligas. Hubieran estado a la par de Caifanes en cuanto a fama – aunque espero que no en cuanto a decadencia auditiva. Por cierto, Saúl Hernández los ama. Iñaki de Fobia los ama. Café Tacvba los ama. Sabo Romo los ama. Whatever that means nowadays. Sin ellos, no tendríamos todo lo bueno, lo malo y lo feo del rock mexicano de 80s y 90s. ¿Han visto todos esos especiales de música británica o norteamericana donde hablan del (disculpen el término sexista) seminal post-punk? Pues este fue el seminal post-punk mexicano. Y así como en Synth Britannia, fueron parte del Synth Mexica. Gente como ellos, como Syntoma, como María Bonita (que de ser algo así como los Mecsican Trobingristol pasaron a tener a Mario Lafontaine curándosela de los ‘horribles ochentas’ junto a Horacio Villalobos) o como aquel dulce secreto llamado Volti.

Hay algo en particular que me llamó la atención durante toda la cinta, y es la diferencia radical que hay entre las circunstancias en las que se gestó la escena alternativa mexicana y la escena alternativa, digamos, de Reino Unido. Mientras que en tierra de Thatcher, la gente más pobre, de departamentos mugrosos, y con un sólo abrigo en invierno era la que formaba grupos; en la perrera de López Portillo eran los económicamente beneficiados – y la mayoría de apellido extranjero – los que tenían acceso a los movimientos internacionales y más posibilidades de crear algo propio. En un internado canadiense, a los catorce años, Jaime Keller conoció al maestro de Bowie. En Inglaterra, los Sex Pistols estaban tan jodidos que le robaron los instrumentos a Bowie para tener con qué tocar. Mientras que Philip Oakey en algún momento tuvo que debatirse entre comprar un sintetizador o un carro, Walter Schmidt y Carlos Robledo quizás bien pudieron haber tenido ambos al mismo tiempo. Lo cual no es malo ni bueno por parte de Walter, Illy y Charlie, pero sí por parte del zeitgeist de aquel entonces. En Granada TV y en la BBC salían los grupos del subsuelo, aún bajo un gobierno conservador. En Televisa, Don Raúl le decía que no a Coque Múñiz. Si no había oportunidades para un hijo de papi de lo más family friendly, menos las había para estos batos:

A todo esto, aún con privilegios económicos y de intercambio sociocultural, les fue muy difícil. Como lo dijo Illy Bleeding en el documental, nadie podía vivir con ese ‘monstruo’ de banda. Era algo muy adelantado a los tiempos y a la ‘moral’ mexicana. El rock estaba prohibido. Sólo MUY grandes bandas podían venir. Una de ellas, y la primera, fue The Police; y ellos iban a ser abridores, pero la burocracia los detuvo durante la prueba de sonido. Ese es otro momento para jalarse de las greñas. ¿Qué tan diferente y legendario hubiera sido todo si se hubieran presentado ante toda esa audiencia? ¿Hubiera sido un parteaguas musical y artístico como lo fue la presentación de Sex Pistols en Manchester? Hay ahora académicos, curadores de museos y galerías, bailarines y otros músicos que te dicen que iban a ver a SIZE en vivo y que los movió sobremanera. Pero el número podría haber sido mayor. Yo los conocí hace poco, por amigos que también eran amigos de Illy; pero pudo ser diferente. Pude haber sabido de ellos desde pequeña, como desde pequeña sabía de Caifanes o Fobia.

Esas fueron las dos grandes tragedias de la carrera de SIZE: lo de The Police y lo del LP. Al menos según el documental, que no se desgarra por siglos hablando sobre la inesperada muerte de Illy Bleeding. Sólo menciona el incidente en un párrafo, entre paréntesis año de nacimiento y deceso, y al final la dedicación del documental a su memoria. No hay un ‘¿Dónde estabas cuándo te enteraste de la muerte de Illy Bleeding?’ para todos, no hay eulogías llenas de lágrimas, no hay crestomatía de noticias sobre el accidente. Para comenzar, la película entera no se centra en él. No es como cualquier biografía de Joy Division donde todo es ‘Ian, Ian, estaba enfermito, Ian, Ian, y luego murió, murió, murió’. Eso es mucho más respetuoso para el conjunto y para el mismo Illy. No es tanto el morbo post-mortem lo que atrae. Acaso la muerte que llama la atención es la de la banda misma. Por todos los ‘qué tal si…’ que ya he mencionado.

Es una lástima también que no pueda encontrar en YouTube el video de ‘El Diablo en el Cuerpo’, o sus presentaciones – con fallas de origen – en un programa de televisión. Eso lo tendrán que ver en el documental mismo, que fue parte de la inauguración del ciclo Rock en la Cineteca, y que se presentará en el mismo lugar con dos funciones este sábado 5 y domingo 6 de noviembre a las 21:00.

Por cierto: qué poco variado está ese ciclo en general. Con excepción de Size: Nadie puede vivir con un monstruo, nada es particularmente único e inencontrable. La de Los Gatos Persas, siendo del mismo director de Las Tortugas Pueden Volar, al rato se encontrará fácilmente a 69 pesos en Mixup – si no es que ya. Interstella 5555 y Ziggy Stardust llevan siglos rondando por videoclubs y la Internet. Lo mismo Control, donde ya todos le vimos los calzones a Ian Curtis. Quizás si hubieran intentado conseguir proyectar Inni de Sigur Rós, o The Ballad of Genesis and Lady Jaye – que ya estuvo hace meses en la Ciudad de México, hubiera sido más especial. O Instrument de Fugazi, aunque nomás la vea el Jaime Rodríguez. O la de All Tomorrow’s Parties, aunque nada más la vea yo.

Pero creo que el staff de la Cineteca de Nuevo León estaba muy agotado tras haberse esforzado en conseguir El Vampiro y el Sexo. Han de haber luchado contra El Hijo del Santo. En el ring.

(fun fact: Arianne Pellicer, quien saliera en La Rosa de Guadalupe como la mamá de una niña emo y donde también llegó a decir algo como ‘en mis tiempos nomás eran Flans’, fue novia de Illy Bleeding; y sale en el documental tanto entrevistada ahora como bailando desenfrenada siendo una go-go girl. Supongo cuando hizo su personaje en La Rosa, se rió mil al leer el guión. Ella bien sabía que había vida más allá de Flans.)

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8 Respuestas a “SIZE: Nadie puede vivir con un monstruo

  1. Ariane Pellicer era la Nina de los Cachunes cierto?…
    El underground mexicano tiene unas ondas tan alucinantes que solo es cuestion de escarbarle tantito o preguntar o recolectar para darse cuenta que no todo era Caifanes, Fobia, Los Amantes de Lola ( a Cafe Tacvba no lo menciono por que ellos son mas “noventeros”) ahí están los discos de Capitan Pijama, Cabaret Voltaire, Dr Fanatik, La Suciedad de las Sirvientas Puercas y un chingomil mas de personajazos que habría que revalorizar gracias a su música de avanzada.

    Saludos!

  2. Oye, pero Cabaret Voltaire no eran mexicanos. Bueno hubiera sido. Pero sí influenciaron a varios mexicanos. Aún hoy en día. Saludos de vuelta!

    Y sí, era Nina la Punk.

  3. Uhhh Excelente reseña, me encanto y si como lo dices nunca se centra en Jaime, es muy nostalgico todo lo que cuentan y a mi parecer ellos pudieron haber triunfado facilmente y tambien ser mas que Caifanes.

  4. y aca en gdl , donde sera posible ver tan interesante documental , preguntome yo
    saludos este es un increible y buen reportaje.

  5. Pues el director Mario Mendoza de vez en cuando viaja por el país con el documental. Creo que hubo proyección en el DF hace poco, pero no sabría decirte cuándo sería en Guadalajara. Luego le pregunto por el FB y te aviso. ¡Saludos!

  6. Para que te infartes más: Arianne Pellicer fue esposa de Jorge Reyes, figura importantísima del rock mexicano, vocalista y guitarrista de Chack Mool y el más importante etnomusicólogo del país, que ya falleció.

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