No necesitamos otro héroe (o ‘gracias, pero no, gracias, Vargas Llosa’)

ADVERTENCIA: Homofobia, transfobia, actos de odio físicos y verbales.

Estoy muy, muy triste. Y me pongo triste cada vez que hay un nuevo crimen de odio contra alguna persona LGBTQIA. El mes pasado, fue encontrada muerta la activista trasgénero Agnes Torres (advertencia: a los imbéciles de Milenio se les ocurrió soltar su nombre de pila). También en Marzo, la artista filipino-americana Mark Aguhar saltó por la ventana hacia su muerte, quizás fastidiada por la falta de respeto en su alrededor. Alegados a Aguhar sostienen que, por la naturaleza y motivos de su deceso, el suicidio fue en realidad un asesinato lento y despiadado. Y la lista de víctimas dentro y fuera del continente americano es casi infinita.

Ese mismo mes, en el hemisferio sur, cuatro mojoncitos encontraron a Daniel Zamudio caminando cerca del Parque San Borja, en Santiago de Chile. Toda la noche se dedicaron a torturarlo a golpes, quemaduras, patadas, incluso marcarle svásticas en el torso con una botella rota. Al encontrarse su cuerpo destrozado y lleno de hormigas, fue llevado al Hospital de Urgencia Asistencia Pública, donde duró 25 días bajo un coma inducido. Su pierna tenía una fractura tan abierta, que se le tuvo que colocar un fierro para volverla a unir.

En el especial que le hicieron en el programa Mañaneros, se menciona muchas veces que Daniel es ‘un mártir’. A los pocos instantes de su muerte, el mismo vocero del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual lo llama ‘un mártir de la comunidad de las minorías sexuales’. Al carajo, digo yo. No queremos más mártires. No necesitamos más mártires. ¿Cuánta gente tiene que morir para que los privilegiados estén conscientes de que algo asqueroso está sucediendo? Ni que fueran santitos del Vidas Ejemplares. Tina Turner bien dice que ‘We Don’t Need Another Hero’. No necesitamos otro héroe, no necesitamos otra víctima.

A todo esto, Mañaneros será un programa tan de quinta como Hoy y demás programas matutinos latinoamericanos, hasta con el uso – de pésimo gusto – de música de fondo en las noticias impactantes. Como si las tragedias de la vida real no fueran más que una película. Sin embargo, no creo que encontremos a conductoras como Galilea Montijo o Andrea Legarreta aventándose un rant como el de la conductora en el primer minuto de este video. Dirá cosas muy básicas, pero muy importantes. También lo que los demás conductores dicen a partir del 4:10 es potente. A ver si se lo pasan a Esteban Arce.

El alcance del crimen fue internacional. Medios electrónicos en todos los idiomas hablaban al respecto. Ricky Martin le dedicó un premio al – en aquel entonces – aún vivo Daniel. Hasta el Premio Nobel de la Literatura, Mario Vargas Llosa, despotricó ayer contra los criminales y la sociedad en la que fueron (y somos) encurtidos.

¿Pero acaso el escritor hispano-peruano no estará simplemente subiéndose al tren? Bien se dice que tiene un historial de machista y homofóbico (nota: los que escribieron ese artículo son una pareja de ‘psiquiatras’ peruanos católicos que siguen creyendo que las identidades no binarias son desviaciones y que la homosexualidad puede curarse), y que es de esos que creen que uno elige su preferencia o identidad sexual. Es decir, que no nace, se hace.

En efecto, hay un minúsculo – en cuanto a número de caracteres – error que lo delata como hipócrita, o al menos como aliado a una rama anquilosada de los derechos de las minorías sexuales y de género que no reconoce completamente a la comunidad trans.

En el octavo párrafo, MVLL dice lo siguiente:

Entre los estremecedores casos que el informe señala, destaca el de Yefri Peña, a quien cinco “machos” le desfiguraron la cara y el cuerpo con un pico de botella, los policías se negaron a auxiliarla por ser un travesti y los médicos de un hospital a atenderla por considerarla “un foco infeccioso” que podía transmitirse al entorno.

MOMENTO.

!¿UN TRAVESTI?!

En primer lugar, un travesti es alguien que se identifica como varón en su vida cotidiana, pero sólo se viste como el sexo opuesto por diversión o para espectáculos o eventos ‘picarones’. Hay transféminas que incluso los odian por hacerlas ver (a ellas, de quienes el partero se refirió como ‘fue niño’ pero que en realidad sentían que ‘fue niña’) como una caricatura de la feminidad. Los travestis o drag queens, como Francis o RuPaul, los verdaderos ‘hombres vestidos de mujer’, hacen que las demás personas generalicen e incluyan a las transmujeres también bajo esa categoría. Hacen que, a las transmujeres, también les digan ‘hombres vestidos de mujer’, y hacen que no se les respete ni siquiera en la muerte.

Así pasó el 25 de Octubre del 2010, cuando salió la noticia de que ‘un hombre vestido de mujer’ fue arrojado a las vías del subterráneo de Londres. Sin más detalles. Al leerlo pensé, literalmente, que era un estudiante cismasculino que llevaba vestido para una fiesta de disfraces – porque aquí a los estudiantes les encantan las fiestas de disfraces. Poco tiempo después, salió a la luz que la víctima era Sonia Burgess, una abogada transgénero especializada en los derechos humanos de los inmigrantes. Sonia tenía una excelente reputación laboral, respaldada por décadas de experiencia, que había comenzado a forjar desde que trabajaba con su nombre de pila y género asignado: David, varón. El obituario que le hicieron en The Guardian se escuda tras el hecho de que Sonia siguiera llamándose David en el ámbito profesional para referirse a ella como tal. Dicen, parafraseando, que a los detectives se les habló para investigar el deceso de una mujer que resultó ser un gran hombre. ¿Entonces como mujer no es excelente profesionista? ¿Sólo como hombre? Además, al principio nunca se dijo que era una mujer. Es más, en la nota que hicieron en The Telegraph y que vinculé en este mismo párrafo, se habla de ella como ‘un travesti’, ‘un hombre’, y, al transcribir el reporte de testigos, entrecomillan que era una ‘”mujer”‘. Fue tratada como hombre de manera negativa – ‘travesti’ – y positiva – ‘brillante abogado’. Dicen que trabajaba como David para mantener su vida en orden, y es por actitudes como las de estos periódicos – incluso en el pseudo-izquierdista Guardian – por las que no se registró completamente como mujer. Por miedo al odio y la confusión que, de todos modos, la llevaron a la muerte.

A todo esto, quien la arrojó a las vías era una transfémina en proceso de cambio de sexo. Pero la BBC, aunque respetuosa de Sonia, no deja de referirse a Nina como un hombre con pronombres masculinos y nombre de nacimiento. ¿Entonces el género es algo que se gana a pulso, como premio? ¿La buena gana su identidad y ‘la mala’ gana repudio y vergüenza? Es lo mismo que están haciendo con B. Manning, espía de Wikileaks, que como miembro del ejército era Bradley pero prefería llamarse Breanna. Como es ‘enemigo del Estado’ al ventilar sus secretos, le dan un castigo más cruel que la prisión. Por cierto, no quiero ni imaginar qué ha de pasar con Manning en un reclusorio masculino.

Yefri ni siquiera es mala, pero MVLL la castigó de todos modos.

Por cierto, la transfobia no es lo mismo que la homofobia. Una persona transgénero no es necesariamente homosexual. El género es una cosa, la preferencia sexual hacia el otro es otra. Una mujer transgénero puede ser lesbiana, o puede preferir estar con hombres  trans y/o cis, o polysexual y preferir hombres cis y mujeres trans u hombres trans y mujeres cis, o genderqueers y doble espíritus o lo que sea, o pansexual y abrirse a tener relaciones sin importar el género de la otra persona, o asexual y vivir feliz sin contacto carnal alguno. La sexualidad humana es una cosa esplendorosa. Lo de Yefri o lo de Agnes hubiera sido homofobia si se le hubiera atacado por gustarle las chicas, así como lo de Daniel fue por gustarle los chicos. Pero lo de Yefri y lo de Agnes fue por quiénes eran ellas y bajo qué circunstancias, sin importar sus gustos hacia los demás.

Hay grupos LGBT que tiran la T a un lado y usan malas palabras para referirse a las personas transgénero. Parece que es de ellos de quienes Vargas Llosa aprendió Sexualidad 101. Desafortunadamente, no es el único. De ello hablaré después.

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