¡Vamos al mercado!

He leído que una cadena de supermercados en México se metió en enredos de corrupción y chapucería. Supongo que, ante las noticias, muchos de ustedes allá en casita han de estar boicoteando dicha cadena. ¿No es así? Con o sin fraude, sale mejor hacer el mandado en súpers pequeños y locales, y mucho mejor, en mercados populares. Ayuda a la economía, a la ecología, y a la convivencia – a menos que vayas al súper gringo que está en Gonzalitos y donde te encuentras a TODA la gente que has conocido en tu vida.

Leicester Market. Foto: NotFromUtrecht, via Wikipedia

En Leicester también nos conviene ir al mercado. ¿Por qué? Porque es el más grande de toda Europa. Desde 1298, docenas de puestos se colocan en el centro de la ciudad para ofrecer variedad de víveres: frutas, verduras, productos enlatados, semillas… a precios irrisorios. Por ejemplo, aquí la fresa sale mínimo a dos libras el canasto en una cadena de supermercados. En el mercado, la puedes encontrar a una libra DOS canastos. Igual con la berenjena, que mientras el súper te la entrega a una libra cada una, un vendedor independiente te la deja a una libra el tazón. Si les insistes, hasta te pueden hacer descuentos especiales. Como casi no comemos tomate, pedí medio tazón, y el señor me lo dejó a cincuenta centavos. Quizás estas “gangas” no signifiquen mucho para ustedes, pero recuerden que Gran Bretaña es una isla casi al norte del planeta, no crecen muchas cosas por aquí, y lo que no se consigue en algunas granjas, se tiene que importar de los países del Mediterráneo.

Textiles en Leicester Market. Foto: NotFromUtrecht, via Wikipedia.

Igual venden objetos de uso diario o que pueden regalarse. Cosméticos de marcas renombradas a unos cuantos centavos, bolsos y monederos, películas, celulares, accesorios para aspiradoras, figurines para decorar la casa, carritos especiales para llevar el mandado sobre ruedas, hasta telas y estambres de diversos estilos.

Puesto de quesos al Interior del mercado de Leicester. Foto: Leicester Market.

El mercado no comienza y termina al aire libre. En la misma plaza, hay un edificio de cuatro pisos con infinidad de cosas. En uno de ellos, con alimentos que no sería muy bueno vender a la interperie: carnes, huevos y lácteos. Acá le hacen el feo a las alitas de pollo por ser “sobras”, pero en el mercado te las venden por si extrañas las buffalo wings. Quesos desde los más comunes hasta los más apestosos. Pescados tan frescos que casi nadan. Los pisos siguientes tienen locales de oficios, compra-venta de libros y viniles, ropa gótica, ropa urbana, estéticas, ciber-cafés, etc. Abren y cierran en horarios erráticos, pero cuando los encuentras abiertos, la diversión no termina.

Interior del Café Bocca. Foto: Leicester Market.

Finalmente, en una esquina del mercado exterior, está el Café Bocca. Es pequeño, cómodo, techado, y cuentan con los favoritos en cuanto a bebidas calientes y frías, pero sin los precios obscenos de las franquicias internacionales. Después de un largo día de mandado, pueden ir a comadrear con un café caliente y un pan de hojaldre.

Así que ir al mercado, aquí y allá, resulta ser una buena opción. 🙂

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