Cincuenta Sobras de Grey

Apenas hace unos meses, E.L. James era una completa desconocida. Típica madre de familia de Londres, aburrida y asalariada. Ahora tiene tanta plata que no sabe qué hacer con ella. En lo que escriba este texto, seguro que hará mucho más dinero de lo que ganamos en un mes. ¿Cómo le hizo? Escribió una serie de fanfics de Crepúsculo, cambió algunos datos para que no se viera muy Quetzal, y lo subió a Kindle sin antes haberlo corregido o editado.

Fifty Shades of Grey está en boca de todos, para bien o para mal. Los neoconservadores puritanos lo leen ruborizados, los alemanes ya van en la sexta edición, ha sido traducido a varios idiomas y ha vendido multitud de copias alrededor del mundo, incluyendo América Latina.

¿Qué es lo que lo hace sobresalir del montón? Es una historia de amor y sadomasoquismo.

No, en serio. ¿Qué es lo que lo hace sobresalir del montón?

Quienes hayan alguna vez lanzado jaculatorias sobre la decadencia de la humanidad y la hipersexualidad de la gente moderna, no han observado la reacción a Cincuenta Sombras de Grey. En pleno siglo veintiuno, las señoras – y no tan señoras – se sorprenden ante la mención de pinzas para pezones, cuentas anales, látigos, y todavía tienen que ir corriendo por el tumbaburros para ver qué significa BDSM. Será muy decadente e hipersexualizado, pero el público en general sigue siendo un infante. ¿De verás no sabían la existencia del sadomasoquismo?

Después de décadas de cine pseudoerótico como 9 1/2Sleeping with the Enemy, ¿les sigue sorprendiendo cualquier interacción sexual que no sea vainilla?

He leído fragmentos en la librería. Está pésimamente escrito (si algún día E.L. quisiera gastar millones de libras en un corrector de estilo, estoy disponible) y es de lo más ñoño. En un especial de televisión en Channel 4, expertos en literatura alaban a James por la manera en la que escribe sus escenas eróticas. No obstante, son de lo más planas y llenas de eufemismos.

El escándalo de Cincuenta Sombras es un tanto similar al de Lady Chatterley’s Lover de D.H. Lawrence, que en su lanzamiento fue censurado por causar 
cuntroversia, fue impreso de manera independiente, y causó revuelo alrededor del mundo. En ese entonces hablaba de una mujer y su amorío, tema que – igual que el de la historia de James – no era nada nuevo para la sociedad. Quizás es la manera de distribución y la polémica entre unos cuantos la que hizo que la audiencia fuera guiada por la curiosidad, de la misma manera que ha sido guiada por este libro. No es tanto el contenido, sino el escándalo al respecto, lo que lo hace atractivo.

Los fanfics han existido desde deossabecuándo, y recuerdo en la adolescencia haber leído algunos buenísimos de Placebo que bien – obvio, también con sus cambios para evitar la caricaturización – pudieron haber tomado al mundo por sorpresa. También los ha habido de artistas más famosos, de series, películas y otros libros. ¿Por qué fue este el que llamó la atención? ¿Por qué a la gente le encanta leer sobre batos pisoteando mujeres? Tanto Crepúsculo como Cincuenta Sombras son odas a la manipulación masculina. Lady Chatterley, escrito hace más de ochenta años, era sobre la liberación femenina y su capacidad de elección en la alcoba. Repito, en pleno siglo veintiuno, ¿por qué se busca leer todo lo contrario? Peor aún, de la mano de mujeres escritoras; cuando D.H. Lawrence era varón. A algunas les gusta que su pareja tenga el control, pero no a todas. No generalicen.

Aún después de esta reflexión, sigo sin entender cómo una historia tan picante como el polvo Miguelito hace que las señoras se escandalicen y se fapeen al mismo tiempo. ¡Si crecieron – y vivieron – la revolución sexual! ¡Tuvieron quizás más libertades y loqueras que nosotros hoy en día, libres de consecuencias a corto plazo!

Si una serie de fanfics merece el éxito mundial, es el porno de Kriss Akabusi.

O este de dinosaurios con Jarvis Cocker.

Eso sí es variedad, escándalo y ruborización extrema.

(Obvio que no te vas a tocar leyendo sobre un estegosaurio haciéndole una felación al laborista David Milliband. Eso sí es perversión.)

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