“Ricardo III” de Cecilia Buentello

¿Qué tal? Como se habrán enterado, hace unas semanas confirmaron que los restos encontrados en un estacionamiento de Leicester fueron los de Ricardo III, último monarca de la familia Plantagenet y último en morir en batalla. En el condado, sólo conozco a otra mexicana: Cecilia Buentello, quien hizo este cuento corto basado en el descubrimiento del rey, quien hubiera inspirado lo mismo a William Shakespeare que a Supergrass.

Richard-III

Ese día fue atípico desde el principio: el viento se comportaba de forma caprichosa. Por la tarde, húmeda, Collin y Archie salieron a pasear. El perro andaba inquieto. Se detuvo frente al estacionamiento y comenzó a ladrar. Su dueño portaba bermudas de mezclilla y sandalias. El verano intentaba sobrevivir y no acabar ahogado por las intensas lluvias de ése año.

Como todas las mañanas y las tardes, el maestro jubilado sacó a pasear a su mejor amigo: un jack russell que lo acompaña a todas partes desde que murió su esposa. Todos los días a eso de las 6:30 de la mañana siente una necesidad imperiosa de llorar, porque recuerda la hora en que su esposa de fue de éste mundo y aunque no cree en la vida después de la muerte, ni en fantasmas y esas cosas, hay veces que siente su presencia en la casa. No cree estar imaginándolo. El otro día, mientras estaba en el sofá viendo televisión, Archie siguió con la mirada algo durante varios segundos. “Otra vez este perro está viendo algo que yo no puedo ver”, pensó.

Los inseparables amigos pasan todas las mañanas frente a un estacionamiento -antes monasterio medieval- que está casi frente a la Catedral de Leicester, a la cual  rodea un pequeño jardín. Les gusta salir temprano y si tienen la suerte de que el día no esté nublado, se sientan sobre el pasto a disfrutar del sol. Collin avienta una pelota que el perro persigue obsesivamente.

“R” de reservado, “R” de rebeldía, “R” de resurrección, “R” de Ricardo. Ahí fue donde empezó todo. Ahí comenzó la excavación, la historia a redescubrirse, el misterio a ser descifrado, el pasado a ser interpretado. No era seguro que lo fueran a encontrar, pero fue la “R” pintada en el suelo la que, sin querer, indicó el lugar exacto. “Rásquenle por aquí” decía Ricardo desde el más allá.

Aquel día de regreso del parque, Archie comenzó a ladrar y se quedó estático mirando desde lejos el hoyo donde se encontraban excavando los arqueólogos. Collin se detuvo inquieto y se quedó mirando también. “A los pocos minutos de haber estado ahí parados, salió Philippa Langley -la presidenta de la sociedad Ricardo III- a hablar con los arqueólogos. Se llevó las manos a la boca varias veces porque no creía lo que veía; se sentó en el suelo con la cabeza sumida entre las piernas en silencio total y por un minuto no se escuchó nada, más que los ladridos de Archie y el reloj de la catedral que marcaba las cinco. Finalmente se levantó y dijo: ‘Es él.”

“Yo me quedé pasmado. Sentía que me temblaban las piernas, pero no me quería ir de ahí. De pronto, se oscureció el cielo, se empezaron a escuchar truenos, a ver relámpagos, el viento empezó a soplar con mucha fuerza. Repentinamente empezó a llover a cántaros. Saqué mi paraguas y miré cómo la lluvia caía sobre el hoyo excavado. Me llegó el olor a tierra mojada. Parecía un capítulo de una obra de  Shakespeare, una purificación natural, una ceremonia organizada desde el cielo, una celebración apocalíptica. Archie dejó de ladrar. Y yo miré como la lluvia empezó a caer sobre los huesos expuestos, limpiándolos.  Sin prisa, nos encaminamos de regreso a casa bajo la lluvia”. Los restos de Ricardo III habían sido encontrados.

Desde aquél día en 1485 en la batalla de Bosworth, el cuerpo -deformado por la escoliosis dorsal y doblado para que cupiera en el hoyo- había estado enterrado en el anonimato. El rey -retratado por Shakespeare en su obra de teatro como un tirano feo y jorobado capaz de asesinar por la corona-, había sido abandonado y regalado a  los gusanos.

El hallazgo le devuelve un pedazo de historia a Leicester y a Inglaterra que, por fin, después de más de 500 años, encuentra a su último rey muerto en batalla y descubre que no era un tirano jorobado, sino un valiente guerrero que murió de forma violenta defendiendo su trono.

Pueden leer más material de Cecilia Buentello en su blog Burbuja Sónica.

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